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Espido Freire en Modelos para Armar

28 01 2016   

No es un proyecto reciente, pues llevamos detrás de este libro varios meses; pero por fin ha madurado y podemos hacerlo público: Espido Freire ha preparado un texto para nuestra colección Modelos para Armar centrándose en los conflictos que se producen entre nuestros valores estéticos y los hábitos alimentarios. No es una cuestión baladí, pues estos valores tienen sus raíces, y de ello da cuenta Espido, que nos lleva hacia las profundidades donde descansan dormidos los mitos que todavía rigen nuestras valoraciones estéticas. Dejemos, queridos lectores en potencia, que nos lo cuente ella a través de un fragmento del libro:

«Si Freud acabó con la inocencia de los cuentos infantiles se debió a que los cuentos infantiles nunca habían sido inocentes. Tampoco las miradas se habían dirigido únicamente a los demás, sino también a uno mismo. Como las imágenes platónicas, en las leyendas y los mitos se proyecta la condición humana y los acontecimientos psíquicos más importantes, utilizando una simbología universal y fácilmente inteligible.

»Los espejos aparecen en los cuentos de hadas antes que en las casas reales: la historia del espejo, y de cómo conquista Occidente merece un capítulo por sí mismo. En el Museo Nacional de El Cairo podemos aún admirar los espejos de metal bruñidísimo en el que las princesas y las reinas comprobaban que las indicaciones dadas a las peinadoras y doncellas se seguían. Esos espejos requerían una iluminación muy particular, y que el ojo se adaptara a las aguas y oscilaciones que producían.

»El cristal en sí mismo, en cantidades suficientes como para cubrir una ventana, resultaba un lujo inasequible. Los brumosos espejos venecianos suponían una mejora respecto al metal, pero continuaban siendo tan caros que romper uno suponía ahorrar por siete años para reemplazarlo: los siete años de mala suerte.

»La mayor parte de las mujeres se conformaban con reflejarse en un agua en calma, mejor aún si era pantanosa o con fondo oscuro. También los varones: el guapísimo Narciso, que había oído y tenía plena consciencia de que era guapo, descubre su imagen cuando se inclina a beber en un lago. Al percibirse, se enamora, hasta el punto de que no soporta perder la visión del amado, que huye si se tocan las ondas, o si se aleja del lago. Narciso, que como todos los adolescentes enamorados no destaca precisamente por su capacidad de raciocinio, se condena a sí mismo a permanecer de rodillas frente a su imagen, hasta que muere de inanición, según unas versiones o, desesperado por abrazarse se ahoga en el lago.

»La primera variante describe muy bien la callada paciencia y obsesión de los enfermos de TCA, abstraídos del mundo que les rodea para observarse literalmente o figuradamente en su mente, en su espejo. Narciso no tiene conciencia de que está pasando hambre, y muchos menos de que su imagen en el espejo está adelgazando, porque el impacto inicial de su presencia se impone a la realidad. La imagen fija en su mente sustituye y se impone a la variable que tiene ante sus ojos. Se encuentra detenido en el tiempo, fuera del espacio, preso feliz de un momento glorioso.

»La segunda lectura, la de que es el espejo el que finalmente acaba por tragarse al autogalán, también resulta interesante, porque lo vincula al resto de los ahogados en mitos y en leyendas, en su mayoría personas jóvenes y bellas que son engullidas o sostenidas suavemente por el agua.»

 

Lo dicho, recomendadísimo!

D&P

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